miércoles, 4 de mayo de 2011

Taco y me voy


Con una gran perla de Sala, Pachanga aseguró su triunfo frente a Cardiff y se repuso de la derrota sufrida semanas atrás. El aurinegro recuperó la solidez habitual, controló a su rival y acertó en los momentos justos para impactar la red contraria.

Paciencia. Si hay algo que genera la derrota, más allá de la decepción lógica, son las ganas de una revancha inmediata y un sentimiento de ansiedad incesante. Un deseo de querer revertir el estado de situación lo más pronto posible sin tener en cuenta las consecuencias.
Pachanga, que venía de caer derrotado ante Bulbasor, tenía que ser cauto para no sucumbir ante el error de la desesperación. La mentalidad mezquina de Cardiff y su posicionamiento defensivo en la cancha, presentaba las condiciones que invitan a atacar exasperadamente sin tomar precauciones debidas.
Sin embargo, al aurinegro siempre hay que buscarlo del lado de la excepción. De aquel lado en el que la locura no invade y en el que la inteligencia prima. Del lado en el que la pared se construye antes de pintarla y no al revés.
Por eso no se desesperó ni regaló nada. Renunció a la ansiedad y controló el partido hasta que el arco se abrió. A partir de allí, la cosa ya estaba juzgada.

La fria noche del domingo era el escenario de la 4ta fecha en la que se enfrentaban Pachanga y Cardiff. La vuelta de Ruiz, recuperado de la lesión de su tobillo, como la ausencia de Pantuso por enfermedad, eran las principales novedades que acarreaba el equipo aurinegro en la búsqueda de su tercer triunfo.

Durante los primeros minutos, el partido se mimetizaba con el clima invernal. Las emociones se ausentaban y ambos conjuntos se prestaban la pelota.
Conciente de sus limitaciones, Cardiff retrocedía en el campo y esperaba a su oponente para presionarlo cuando cruzaba la mitad de cancha. Pachanga recogía el guante de protagonista pero no lograba conectar jugadas de peligro. Sus referentes ofensivos, Ilardo, Sala y Wierzsylo estaban algo apagados e imprecisos.

La primera chance llegaba del lado naranja. Un lateral enviado al área ocasionaba la mala salida de Álvarez, y Bentos inexplicablemente fallaba de cabeza con la portería vacía.
Pero Pachanga constestaba y pasados los primeros 15 minutos, Sala e Ilardo probaban al arquero Dellatorre, que respondía con sobriedad. Incluso llegaba Nahabedian, quien como una gacela, se infiltraba e impactaba de cabeza un lateral, pero chocaba con la fortaleza del arquero rival.

Las combinaciones de Pachanga empezaban a tener resultado y los huecos en la defensa naranja aparecían de a poco.
A los 23 minutos, el juego paciente aurinegro, daba sus frutos. Ilardo y Sala elaboraron una maniobra excelente y precisa y tras el pase final del nº 9, el enganche solo tuvo que empujar la pelota al fondo de la red.

En la Segunda Mitad, Cardiff asumió que debía ir a buscar el partido y comenzó a presionar al equipo aurinegro.
Pachanga no conseguía tener el esférico y tenía que recurrir a la infracción con frecuencia para sostener el resultado a favor.
Pasados los 7 minutos, Peloco se sacaba de encima a Girard y se encaminaba al gol, pero Álvarez salía con potencia desde su arco y clausuraba lo que era una peligrosa chance rival.
Más allá de esa acción y de contar con un hombre más durante 3 minutos por la amonestación recibida por Destéfano, lo de Cardiff moría en intentos y no se materializaba en ocasiones claras que pudieran empatar el partido.

De todas maneras, el 1 a 0 era una ventaja exigua para Pachanga, que si no quería sufrir, tenía que liquidar el pleito. El indicado para cumplir dicha tarea, no era otro que Sala, quien no se haría el distraido y con inmensa calidad, lograría a los 15 minutos el segundo gol.
El delantero aurinegro con un taco espectacular, desorientaba a la defensa y a Dellatorre y marcaba uno de los goles más hermosos del torneo.
Tal fue el baldazo de agua fria que sufrió Cardiff, que su seguridad defensiva se vulneró completamente. Ilardo estrellaba un derechazo en el palo y Dellatorre impedía el segundo de Sala, pero Wierszylo no se equivocaba y luego de una jugada entre Ilardo, Ruiz y Sala, instalaba el 3 a 0.

En el instante final y solo para la anécdota, llegó el descuento de la mano de Peloco con un disparo de lejos en el que Álvarez pudo hacer algo más.

LAS CLAVES:

Serenidad. Pachanga no se desesperó, manejó la pelota durante todo el partido y esperó con paciencia hasta poder mover el marcador. Nunca descuidó el aspecto defensivo ni se vio sometido a contraataques peligrosos.

La vuelta de Ruiz. El volante regresó al equipo tras una larga ausencia por lesión y cumplió una labor muy destacada. Reestableció el equilibrio en el medio, cortando cuando había que hacerlo y arriesgando en los momentos justos.



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