
El regreso de Ramiro Sala a Pachanga fue sinónimo de goles y buen fútbol. El equipo aurinegro demostró una contundencia poco habitual y a pesar de comenzar 0-2 en el marcador, terminó derrotando abultadamente a Deportivo Munro por 7 a 4. Sala -la figura de la cancha- no solo anotó 3 tantos fundamentales, sino que se transformó en asistidor de lujo en un par de oportunidades.
Debido al malestar por las carácteristicas del torneo que había comenzado a disputarse semanas atrás, los jugadores de Pachanga decidieron reunirse de forma urgente para planificar su futuro. Tras una larga discusión, las conclusiones resultaron algo sorpresivas. El abandono del torneo y la inscripción en uno distinto de forma relámpago, tras haber disputado tan solo un partido, deben haber dejado con la boca abierta a más de uno.
Y es que, sabiéndo que a estas alturas los torneos amateurs están en pleno desarrollo, las posibilidades de inscribirse en otra competición iban a traer aparejadas obligatoriamente condiciones desfavorables.
Pero a Pachanga parece no incomodarle y hasta en algún punto le seduce y le entusiasma la chance de afrontar un reto arduo y dificil de sortear como el que le propone este nuevo torneo (Al ocupar el lugar de un equipo que renunció al torneo, el equipo arranca con 2 partidos jugados y 2 perdidos, debiendo llegar al 4to lugar al menos para clasificar - sobre 10 equipos-)
Hay quizás una especie de morbo, de un culto a lo prohibido o de una exitación en la dificultad. Como el/la que intenta levantarse a una persona casada o de novio/a o como el/la que accede a consumar el acto sexual en ambientes semi/públicos. Pachanga lo siente y lo disfruta. Sabe que la superación de la instancia traerá una satisfacción mayor, pero es consciente de que el márgen de error será absolútamente mínimo.
El primer encuentro a disputar, ofrecía unas condiciones bastante claras. Solo valía ganar. El rival, Deportivo Munro, compartía el fondo de la tabla con el reciéntemente inscripto Pachanga, por lo que una derrota para alguno de los dos, significaba despedirse del pase a semifinales.
Pero el aurinegro pareció no enterarse mucho de esto y a los 7 minutos se encontraba 2 goles abajo en el marcador. Desacoples defensivos y un error insólito del correctísimo defensor Santiago Girard, propiciaron dos chances clarísimas que Munro se encargó de concretar. Las definiciones de Sciocia y Vales fueron demasiado precisas para las estiradas del inédito portero titular
Lucho Nahabedian, quien reemplazó de forma correcta a Alejo Álvarez.
El panorama era completamente negro. 2 partidos perdidos sin haberlos jugado y 2 goles abajo sin haber reaccionado.
No obstante, Pachanga, experto en superar la adversidad, se dio cuenta que el momento para despertar estaba dado y cuando Ilardo y Sala comenzaron a mover el equipo, el partido dio un vuelco total en el desarrollo y en el resultado.
Las primeras chances estuvieron en los pies de Wierszylo e Ilardo, pero ambos chocaron contra su propia ineficacia ante la porteria rival.
Al instante, el descuento se hizo presente. Ilardó tocó por bajo un tiro libre, Sala abrió para Ruiz y el nº 7 centró para que Wierzsylo empujase la bocha a la red sin oposición. Era el 1-2 y el aurinegro crecía en busca del empate.
Dos minutos más tarde, Sala daba cuenta de lo mucho que hacía sufrir a la defensa de Munro y tras recibir una asistencia de Ilardo, definía de forma magistral desde un ángulo cerradísimo.
Munro aparecía completamente diluído. El control de pelota del mediocampo pachanguero encabezado por Ruiz e Ilardo, sometía al equipo celeste a un estado de desesperación que en varias oportunidades los haría recurrir a acciones violentas blandamente sancionadas por el arbitro.
En el minuto 16, Pachanga lograba la justicia en el marcador y se ponía al frente, luego de un tiro de esquina. El envío de Ilardo al segundo palo, cayó en forma precisa en la cabeza de Sala y el número 9 asistió quirúrgicamente al capitán Pantuso, quien dentro del área chica, conectó el balón a la red rival.
Con la derrota parcial, Munro reaccionaría inmediatamente, pero un buen cabezazo Sciocia era repelido, primero por
Lucho Nahabedian, luego por el palo y finalmente despejado por Girard en la línea. Un nuevo sofocón de una defensa que llamativamente redondearía una floja actuación.
Pero a pesar de los desperfectos defensivos y de sufrir los fallos del arbitro, Pachanga aparecia varios escalones encima de su rival. Sala era incontrolable, Ilardo clarificaba todo y entre Mansilla y Ruiz entregaban la bocha limpia y segura.
La magia de Sala era tal, que no solo se había encargado de hacer anotar a Pantuso, sino que más tarde le sería suficiente para marcar el segundo gol en su cuenta personal y para hacer convertir al trabajador Leandro Nahabedian. Sala a los 20 y Nahabedian a los 23, cerraban la Primera mitad y sentenciaban un partido que distaba mucho de ser aquel del minuto 10.
El 5 a 2 parcial, hacía preveer que el Segundo Tiempo estaría completamente de más. Y es que la superioridad era tan grande, que restaba solamente anotar el marcador exacto y los goleadores en la planilla. El vencedor estaba claro.
Casi instintivamente, Pachanga apagó la máquina en los segundos 25 minutos y el encuentro se hizo disputado y algo cortado.
A los 8 minutos, una grosera desconcentración de Pantuso le daba un poco de aliento a los muchachos de Dep. Munro al situarse a tan solo 2 goles del empate. Sin embargo, 5 minutos más tarde, Rama Sala se encargaba de derribar cualquier fantasma y volvía a ampliar la diferencia.
Pachanga pudo estirar la ventaja en varias oportunidades (sobre todo luego de la expulsión de Vales) pero una buena actuación del arquero Oviedo y un excesivo firuleteo de sus delanteros mantenían el tanteador tal como estaba.
Recien en el epílogo, un gol de Mansilla para los aurinegros y uno de Barone para los celestes eran los encargados de clausurar el resultado y el encuentro.
Pachanga fue pura contundencia y se supo reponer luego de un inicio desfavorable. Aún así, si quiere lograr la clasificación, deberá trabajar en defensa y volver a demostrar la solidez que siempre lo caracterizó.